Comencé leyendo TBOs (tipo mortadelo y filemón, zipi y zape, anacleto, etc), después, comics (tipo Totem, Comix Internacional, Metal, Víbora, etc), y después pasé a todo tipo de libros traídos del bibliobús). En mi familia siempre se leyó mucho. Todo me parecía una buena lectura. De niño uno tenía tiempo para todo. El tiempo corría lentamente. El tiempo se comportaba como una persona. Como una mentira.
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Parece ser que la mentira es innata al ser humano. Ya los bebés simulan tener hambre cuando lo que esperan es atención de sus padres. La mentira se nos muestra como un arma heredada para la supervivencia en comunidad. La adaptación genética reconoce ese hecho y los transmite en sus genes. Las habilidades sociales pudieran estar dentro de nosotros desde hace milenios. Eso es una cosa. Otra distinta es la inmersión a pulmón abierto en que se ha convertido la mentira. Es un orden social por sí mismo. La política social está sumergida en tantas mentiras que agrandaría la nariz de los políticos hasta hacerlas explotar. La mentira lo ha inundado todo con su persuasión, y se hace muy difícil discernir donde está la línea de los mentirosos y los que no lo son. La sociedad basa su éxito moderno en la manipulación publicitaria y engañosa. Hay tantas versiones de un mismo hecho, que uno se pierde en el laberinto de las mil y una mentiras. Y eso hace que uno vaya haciéndose cada vez más incrédulo, que pierda la noción de las posibilidades de los que aún son honesto y pueden contarlo. El cinismo, la ironía, el sarcasmo, la sátira, la crítica, no son más reflejos de ese descreimiento generalizado. Nos han mentido tanto, y con tanta saña, que es imposible no sucumbir a esa especie de pesimismo existencial, ese que se clava en mismísimo interior. Nos estamos volviendo una sociedad mentirosa compulsiva, que hasta la genética tiene que tomar nota a través de epigenética (influencia del entorno en la genética). Uno se levanta por la mañana y ¡zas! en toda la boca. Parece ser que los más adaptados son los que mejor controlan la mentira. Lo sé, hay muchas clases de mentiras, y sólo me centro una. La más dañina. La social. Mentiría si les dijera que soy un experto en mentiras. Es un clásico juego de lógica basado en la confusión de premisas semánticas.
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