Tardé mucho en aprender a leer y escribir. Escuché a un médico decir que no aprendería a leer. Ni a escribir. Le dijeron a mis padres que se hicieran a la idea. Que me ingresaran en un colegio de educación especial. Y así me pusieron un "sambenito". Como si yo no estuviera. Pero aprendí a leer y a escribir, aunque nunca me corrigieron la caligrafía. Y se olvidaron de mí.
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Qué quieres de mí, ahora. Acaso tú y yo no teníamos un pacto de caballeros. Acaso no te he dejado en paz con tus corruptelas y malversaciones de conciencias. Por qué vienes ahora a molestarme. Qué quieres de mí, asqueroso Mundo, ahora. Acaso no tienes palabra. Ah, tú no entiendes de eso, ¿verdad? Tú y yo hicimos un trato, y no vengas ahora a decir que ya no te conviene mantenerlo. Tú me dejabas en paz, y yo dejaba que el tiempo pasara sobre mí sin pena ni gloria. Era justo y sencillo. Ya sé que piensas que te debo algo, pero es más bien lo contrario, pues tú debías darme tan sólo una cosa, y fuiste incapaz, pero aun así, yo no te he molestado en todo este tiempo. Qué quieres ahora. Empecé a construir la casa en la que estaré toda la vida, y quiero que te alejes de mí y que no pretendas que vuelva a ser tu secuaz, ni que utilice mi talento para perturbar el sistema. Yo ya no trabajo para ti, ¿recuerdas? No voy a entrar en tu extraño juego en el cual siempre ganas. Voy a dejar que el tiempo pase. Diente de ratas, te digo, que te muerdan. Ya sé que no hay lugar en que pueda esconderme de tus sutiles redes, pero sí que he aprendido a alejarme. Me enseñaste bien. Y al mismo tiempo creaste una conciencia que no va a ceder. Déjame ya, anda, y ve a rondar a otra víctima a quien hacerle creer que tú eres maravilloso, y que estás para que disfruten de ti. Pero no vengas a mí, escondido en la piel del cordero. Así que, si quieres algo, dilo. ¿Qué quieres de mí, asqueroso Mundo?
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